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La Iglesia Católica está viviendo una nueva era con el Papa Francisco, ¿qué significado tiene para usted esta nueva etapa?

Ante todo, pienso que es un llamamiento a toda la Iglesia para que llevemos una vida cristiana integral, más auténtica, centrada en Cristo y abierta las necesidades materiales y espirituales del mundo. Con dos palabras, "discípulos misioneros". El Papa Francisco define la identidad cristiana de esta forma: ser verdaderos seguidores de Jesucristo y anunciarlo a los demás con obras y palabras. Esto, él lo desarrolla en "Evangelii gaudium" (la alegría del Evangelio) que es el documento programático de su pontificado. Ahí aparecen cuestiones como la renovación de las estructuras de la Iglesia, salir a las periferias sociales y existenciales de la sociedad a servir a la gente, particularmente a los que la sociedad tiende a descartar. Habla, también, de afrontar desde el evangelio los desafíos de la sociedad actual, de la irrenunciable dimensión social de la evangelización, con la consiguiente solicitud por los pobres, la lucha por la justicia, la construcción de la paz social. En definitiva, el Papa nos quiere poner a todos en "salida misionera", para que como Jesucristo salgamos al encuentro de la gente y no nos quedemos en "el nido" de nuestros ámbitos eclesiales.

La Iglesia tiene que acercarse a las personas, ¿qué estrategias deben realizar para esta cercanía? ¿Es difícil acercarse a la sociedad?

La Iglesia como conjunto de todos los bautizados ya está presente en la sociedad, pues los cristianos están en ella como cualquier ciudadano y forman parte del tejido social. Lo importante es que esa presencia sea significativa, es decir, con incidencia en las relaciones humanas y en las estructuras económicas, políticas y sociales, aportando los criterios propios de la doctrina cristiana. En una especie de vasos comunicantes, entre la Iglesia y la sociedad en su conjunto, cuando se establecen relaciones de diálogo y cooperación, se produce un enriquecimiento mutuo. La forma como la Iglesia se acerca a las personas parte del respeto a cada uno en su situación y se desarrolla a través del conocimiento mutuo, de una relación positiva, de cooperación en proyectos comunes, etc. La misión evangelizadora de la Iglesia es siempre una invitación a conocer a Jesucristo y a creer en Él. Para ello es necesario estar presente en la vida de la sociedad, compartir la vida de la gente en sus alegrías y sufrimientos, y ofrecer de forma explícita el mensaje del Evangelio a quien quiera escucharlo.

La sociedad del Tercer Milenio ha avanzado en algunos aspectos, como puede ser en nuevas tecnologías. Sin embargo, los conflictos y los problemas sociales siguen existiendo. ¿Cómo enfoca la Iglesia este asunto para ayudar a los seres humanos?

A finales del siglo XX, Luis Racionero, publicó un libro titulado "El progreso decadente". Según el autor el pasado siglo registró un colosal progreso tecnológico. Lo material ha progresado, en cambio, el pensamiento y la moral se han estancado. Llega a la conclusión de que, desde el punto de vista material los últimos cien años han sido un período de progreso indiscutible, pero, también, lo ha sido de estancamiento en la filosofía y el arte. El "progreso" solo se da en ciencia y tecnología, en lo demás hay "regresión", de ahí que hable de "progreso decadente".

Lamentablemente, en los planes de educación actuales se priorizan las ciencias en detrimento de las humanidades y las bellas artes. Conocemos y dominamos mejor la naturaleza pero no sabemos usarla con respeto. Sabemos hacer cosas, pero no sabemos ser personas y construir una convivencia pacífica. Las cosas – a veces, incluso las personas- se valoran por su utilidad y el materialismo se convierte en una "religión". La búsqueda del placer y del bienestar material como objetivo de la vida nos convierten en consumistas compulsivos.

En medio de esta realidad, convencida de que el progreso no está en las cosas sino en las personas, la Iglesia sigue ofreciendo lo que se conoce como "el humanismo cristiano", que se fundamenta en un desarrollo humano integral, en el que la persona está por encima de las cosas, y por tanto se cultiva la capacidad de pensar y de amar, la apertura a los valores trascendentes y al sentido último de la vida, la educación para el ejercicio de la libertad responsable, la potenciación de la creatividad, la convivencia e interacción con los demás, el respeto a la dignidad propia y ajena, la solidaridad y el compromiso para la construcción del bien común, etc. La Iglesia busca construir al ser humano desde su interior, proponiendo como modelo de vida a Jesucristo.

Aunque se hable de crecimiento económico lo cierto es que una parte de la sociedad está excluida de esta mejora. ¿Qué reto supone para usted que esta parte de la sociedad recupere su dignidad?

Fijándome sólo en nuestra Comunidad Autónoma, ciertamente se habla de mejora en la economía, pero este progreso no es ni integral ni equilibrado. No es integral, pues, hay sectores productivos que están estancados e incluso en retroceso, como observamos en la agricultura, ganadería, pesca… En Canarias seguimos atrapados en "el monocultivo" de la construcción y el turismo. Y, por otro lado, tampoco es un crecimiento equilibrado. Se dan notables diferencias entre territorios y entre sectores sociales. Estas diferencias son claramente injustas y exigen actuaciones encaminadas a mejorar los salarios y la estabilidad en el empleo, junto con una elevación de los niveles educativos, la capacitación profesional y el desarrollo integral de las zonas más desfavorecidas. Toda "asistencia social" debe primar estos objetivos. La política de subvenciones sólo está justificada en situaciones de emergencia, de lo contrario, –como se suele decir- es "pan para hoy y hambre para mañana", no ayuda a las personas a salir de su situación y les deja atrapados en las redes de la pobreza crónica.

Cáritas hace una labor importante, ¿es suficiente?

Hacemos lo que podemos y procuramos rentabilizar al máximo los recursos que recibimos. Cáritas es una institución de la Iglesia que lucha por la justicia y tiene como misión ayudar a salir de su situación a las personas que viven en la pobreza y la marginación. No pretende ser la única solución y mucho menos resolver todos los problemas. La eficacia de su acción no sólo depende de los medios con los que cuenta –siempre insuficientes para todo lo que hay que hacer- sino también del espíritu que la anima y de su método de trabajo.

Caritas existe porque existe una comunidad cristiana, en nuestro caso la Iglesia Diocesana Nivariense que, a través de sus parroquias, comunidades, movimientos y asociaciones, quiere vivir el mandato evangélico del amor fraterno y la predilección del Señor por los pobres y excluidos. Cáritas no es una mera agencia de servicios sociales, sino que "Junto a muchos otros organismos pone de manifiesto la fuerza del amor cristiano y el deseo de la Iglesia de salir al encuentro de Jesús en cada persona, especialmente si es pobre y sufre" (Papa Francisco).

Por eso, Cáritas va a seguir empeñando sus mejores energías en acompañar, ayudar y promover el desarrollo integral de las personas más necesitadas, involucrándoles para que ellos mismos sean los protagonistas de su propio desarrollo. Fiel a su identidad quiere ser expresión de la acción caritativa y social de la comunidad cristiana e instrumento privilegiado que hace presente el amor cristiano y el compromiso por la justicia.

Canarias mantiene índices alarmantes de pobreza, ¿le preocupa?

Lamentablemente, pese a los avances en la superación de la crisis económica, las situaciones de pobreza y marginación siguen afectando a muchas personas. Los índices de pobreza siguen siendo muy altos. Muchas familias sufren el problema de la carencia de bienes necesarios para vivir con dignidad; el paro en Canarias continúa anclado en cifras escandalosamente altas y muchos hombres y mujeres de nuestra tierra apenas pueden conseguir empleos precarios y de baja calidad. La historia se repite: "pocos tienen mucho y muchos tienen poco". En un territorio tan limitado como el nuestro esto se hace más visible. En poco espacio conviven la opulencia y la miseria. Los beneficios de la actividad productiva son notables, sin embargo, no benefician equitativamente a quienes hacen posible esas ganancias. Como cristianos, no podemos resignarnos ante la dramática precariedad que padecen muchas personas. Como decía Pablo VI: "Si esto ocurriera, sería ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad".

Uno de los mayores problemas que tiene la sociedad es la pobreza infantil. En las islas este suceso es preocupante, ¿qué cree que se debe hacer para lidiar este problema tan grave?

La pobreza infantil está relacionada con la situación familiar en la que la que viven los niños. La grave crisis que experimenta "la familia" en nuestra sociedad tiene efectos negativos en los hijos, especialmente en los más pequeños. En Canarias, sólo durante el año 2017, hubo un total de 5.879 litigios de disolución matrimonial, lo que supone una media de 16 al día. Como todos sabemos, los niños sufren en primera personas las consecuencias de los conflictos familiares. En Canarias, alrededor de 2.000 menores cuentan con medidas de protección, de los que más de 850 se encuentran en centros y 1.150 están con familias de acogida, por familias ajenas o extensas (tíos o primos de los niños). Además, cada vez es mayor el número de familias monoparentales, con lo que eso implica de fragilidad, precariedad económica y dificultad para compaginar el cuidado de los niños con la actividad laboral.

La pobreza infantil no consiste sólo en la carencia de recursos materiales, que inciden en la alimentación, la salud, la vivienda, el vestido, etc. sino también, en la falta de una relación familiar segura, acogedora y estable. Cuando no es así, los efectos se reflejan en muchos aspectos de la vida de los niños. Por ejemplo, los profesores pueden dar testimonio de las dificultades para el aprendizaje en niños que están afectados por los problemas de su familia. En la práctica, el escaso rendimiento o fracaso escolar es una de las mayores pobrezas, pues, bloquea el pleno desarrollo personal e impide adquirir las capacidades básicas para ser en el futuro un sujeto activo en la vida social.

La solución de la pobreza infantil es semejante a la de los incendios forestales, no basta con apagar los fuegos que se producen –que siempre dejan secuelas- sino que, sobre todo, es necesario actuar sobre las causas y prevenir para que no se produzcan. Hace falta recuperar en la conciencia colectiva la importancia de la familia. Nuestra sociedad necesita emplear mucha sabiduría, recursos y programas en la protección de las familias. Velar por la estabilidad de las familias es la inversión más rentable.

Desde Cáritas se denuncia, en algunas ocasiones, la precariedad en el empleo y los bajos salarios que tienen muchos trabajadores y que les hace caer en la pobreza laboral. ¿Cómo ayudan desde la Iglesia a este sector?

Fundamentalmente, poniendo en evidencia el problema y haciendo un llamamiento a las instituciones públicas y a las empresas para revertir esta situación, que venimos arrastrando de la crisis económica y que –pese a que las cosas van mejorando- se pretende continuar como si todo siguiera igual, sin que revierta en un empleo más digno y mejor remunerado. También, en muchos casos, desde Cáritas y otras instituciones de la Iglesia, se presta apoyo a muchas familias y se promueven programas de capacitación laboral

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha hecho un avance en la sociedad. Está claro que esto tiene aspectos negativos, ¿dónde debe estar el límite?

Como en todas las cosas, son los criterios éticos los que determinan el buen o mal uso de las nuevas tecnologías. Sólo así se garantizan el bien de las personas y el bien común de toda la sociedad. Los avances técnicos en la medicina, las comunicaciones, la movilidad, etc. en sí mismos son buenos y debemos valorarlos positivamente. La cuestión está en el uso que hacemos de ello. Ahí es donde entra en juego el valor supremo de la dignidad y los derechos de la persona humana, que siempre debe ser el referente a la hora de aplicar los avances de la ciencia. En cada caso hay que buscar siempre el desarrollo integral de las personas y la convivencia social.

En cualquier caso, ¿es un instrumento importante las redes sociales para la Iglesia?

Por supuesto, todo lo que facilite la comunicación entre las personas es importante en la vida y misión de la Iglesia. La Iglesia existe para anunciar el Evangelio y las redes sociales favorecen y multiplican esta tarea. Las redes sociales ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de anuncio y de audición de la Palabra de Dios. La inmediatez de la comunicación, y el poder llegar a cada uno en particular, hace mucho más fácil y eficaz la convocatoria a los eventos y la información sobre los mismos. Además, pue­den ser un me­dio de evan­ge­li­za­ción pri­vi­le­gia­do para un pri­mer anun­cio a mu­chí­si­mas per­so­nas que tie­nen de­seos de acer­car­se a Dios y, tal vez, no lo ha­cen por te­mor o ver­güen­za.

No obstante, somos conscientes que las "redes sociales" son solamente un medio para crear y sostener la comunidad cristiana. En la Iglesia el encuentro personal y la convivencia fraterna, cara a cara, son insustituibles. La Iglesia es una comunión de personas de carne y hueso, no una "comunidad virtual".

Hablando de aspectos más cercanos, ¿qué situación vive la Iglesia en las islas?

Refiriéndome sólo a nuestra Diócesis Nivariense (Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro), en los que participamos en la vida de la Iglesia, yo percibo que la situación es dinámica, con voluntad de vivir la fe y anunciarla a los demás. Ciertamente se constata un déficit en la incorporación de las nuevas generaciones a la práctica religiosa. Asimismo, la secularización de la sociedad también está influyendo en la vivencia de la fe en los cristianos de siempre. Está claro que hoy la fe no se puede vivir como una costumbre o la repetición de unas prácticas religiosas que hemos heredado. Es necesario que la fe sea una convicción personal. Por eso, nuestra acción pastoral está orientada al fortalecimiento de la fe de los creyentes y a que estos sean misioneros en su propio ambiente, particularmente en la propia familia. El futuro de la Iglesia está en manos de los cristianos actuales, de ahí el llamamiento del Papa para que salgamos a las calles y demos testimonio de nuestra fe.

Semana Santa, Corpus Christi, ¿qué significado tiene para La Laguna y para los creyentes?

Actualmente, dado que la Iglesia tiene una larga historia de presencia en nuestra sociedad, las celebraciones religiosas vienen acompañadas por expresiones artísticas y culturales que se han arraigado en la identidad de nuestros pueblos y ciudades. Por eso, fiestas como la Semana Santa y el Corpus Christi, unos las pueden enfocar desde la perspectiva religiosa, como celebración y expresión de la fe, y otros se pueden centrar en la dimensión artística, la belleza de los desfiles, el impacto social y económico, la atracción turística, etc. sin que les importe la dimensión espiritual y la fe que está en la raíz de esas manifestaciones.

En La Laguna se dan estas dos perspectivas por separado en un grupo u otro y, también, en muchas personas confluyen la vivencia espiritual y el goce estético. De cualquier forma, se trata de manifestaciones públicas de la fe cristiana y eso en sí mismo es un anuncio del evangelio para todos los que participan de una forma o de otra. Para la ciudad de La Laguna, tanto la Semana Santa como el Corpus, son dos realidades que conforman tanto su historia, como su identidad actual.

Lo cierto es que en los actos religiosos hay una gran parte de la sociedad tinerfeña involucrada, ¿está satisfecho con la respuesta?

Sí, son muchas las personas que se implican y que participan en las celebraciones religiosas y eso lo valoro positivamente. Ahora bien, tengo una preocupación constante para que esa participación no se quede en lo externo, en una costumbre o tradición que se repite, sin asimilar su contenido religioso y el sentido profundo con el que lo celebraron nuestros antepasados. Por ejemplo, resulta del todo incongruente que alguien que se manifiesta ateo o no creyente, forme parte de una cofradía, porque su padre o su madre también lo era, o como se dice ahora "por postureo". Por eso, hacemos un llamamiento para que esa participación en los actos religiosos sea fruto de una convicción personal, que se manifiesta en esas celebraciones y, también, en una vida coherente con la fe que profesamos.

Próximamente se hará un despliegue con motivo del desplazamiento de la Virgen de Candelaria a Santa Cruz y a La Laguna, ¿qué supone este acto para la Iglesia de Tenerife? ¿Qué programa tienen previsto?

Como ya se sabe, cada siete años la imagen de la Virgen de Candelaria visita alternativamente Santa Cruz y La Laguna. En esta ocasión hemos querido que, de modo extraordinario, visite ambas ciudades a la vez. El motivo es la celebración de los 200 años de la constitución de nuestra Diócesis Nivariense que tuvo lugar en 1819. De este modo la visita de la Virgen actúa como un pregón del Bicentenario de la Diócesis. Con el lema "María, nuestra misionera ayer y hoy", queremos resaltar el protagonismo de la Virgen María en la fe de nuestro pueblo, tanto en el pasado como en la actualidad. La visita tendrá lugar en el mes de octubre, del 12 al 20 a Santa Cruz y del 20 al 27 a La Laguna. Los detalles del recorrido y programa de actos se harán públicos próximamente.

Los actos religiosos en las calles concentran miles de personas pero las iglesias muchas veces están vacías, ¿por qué?

No debería ser así, pero ya lo decía antes, la participación en manifestaciones religiosas fuera de las iglesias, como procesiones, romerías, etc. puede darse por distintos motivos, no siempre específicamente religiosos. Asimismo, lo que llamamos "piedad popular" son expresiones sencillas de fe, muy marcadas por los gestos externos y la simple presencia, que en la práctica no supone gran compromiso personal. En cambio, las celebraciones en las iglesias suponen otras actitudes como el silencio y la escucha, una formación religiosa capaz de comprender y participar en la liturgia, así como la disposición a poner en práctica lo que Dios nos pide. Y, ciertamente, esto exige un mayor compromiso personal. Esto significa que tenemos que seguir trabajando para ayudar a la personas a dar pasos hacia una fe más viva, personal y comprometida.

Otra labor importante que desarrollan es a través de los colegios, ¿qué supone esto para la Iglesia?

Las Escuelas Católicas son una oferta educativa para las familias que quieren educar a sus hijos conforme al ideario de la fe cristiana. A nivel de asignaturas no se diferencian de otros colegios, pero suponen un ambiente educativo que ayuda a la formación integral de los alumnos, potenciando los valores humanos en conformidad con el mensaje de Jesucristo. Para la Iglesia estos colegios suponen un inestimable servicio a la evangelización, pues son un instrumento valioso para la educación y la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.

Hay otro asunto importante que es el Patrimonio Cultural y Religioso que existe en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, ¿cómo se encuentra en este momento?

Pienso que goza de buena salud en cuanto a valoración, protección y conservación. Cada día es mayor la conciencia de su importancia religiosa y cultural. A nadie se le oculta que la mayor parte de nuestro patrimonio histórico artístico es de carácter religioso. La Iglesia a la largo de la historia ha sabido promover y guardar ese patrimonio, tanto arquitectónico como de bienes inmuebles. Incluso hoy, en torno a la vida de la Iglesia, se continúa generando nuevo patrimonio con el estilo propio de los arquitectos y artistas actuales.

¿Existe convenios con las administraciones públicas para el mantenimiento y recuperación de estos?

En efecto. Desde hace años, en todas las islas de nuestra Diócesis, se vienen estableciendo convenios plurianuales con los Cabildos Insulares que son lo que tienen las competencias en la protección y conservación del patrimonio histórico. También en estos convenios, en muchas ocasiones, participan los ayuntamientos y en algún caso el Gobierno de Canarias. Gracias a ello ha sido posible la intervención en muchas iglesias, tanto a nivel de edificios como de las obras de arte que se custodian en ellas. Tengo que reconocer y agradecer la implicación de las instituciones en la restauración del patrimonio histórico.

El arte religioso forma parte de nuestra historia y la Iglesia tiene las mejores colecciones, ¿se desarrollan actividades desde el obispado para que los ciudadanos puedan disfrutar de ellas?

En su mayor parte el patrimonio religioso está expuesto a la libre contemplación de todos cuando los templos están abiertos. Ocasionalmente se hacen exposiciones temáticas con motivo de algún acontecimiento y se publican catálogos explicativos. También en algunos lugares hay salas donde se exponen una variada gama de obras patrimoniales: esculturas, orfebrería, documentos, ropas litúrgicas y otros tejidos. Algunos lugares están abiertos a lo largo de día para que se puedan visitar a cualquier hora, pero en estos casos –por razones de seguridad- es necesario tener vigilancia y eso implica cobrar entrada para cubrir los gastos de personal, luz, limpieza, etc.

Recientemente se ha firmado un acuerdo entre el Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife, el Ayuntamiento de Santa Cruz y la Diócesis para arreglar la Iglesia de la Concepción, ¿cuál es el proyecto?

Sí. Es un convenio para culminar las intervenciones en la arquitectura de la Concepción de Santa Cruz. Estas actuaciones comenzaron hace más de 30 años y ahora felizmente serán completadas con la restauración de la torre y las dependencias anexas al templo en las que se sitúa la sacristía, el espacio museístico, la casa del párroco, el archivo y despacho parroquial, etc.

Se ha renovado una parte importante del Convento de las Clarisas, ¿están contentos?

El Convento de las Clarisas ya está totalmente restaurado, desde hace cuatro años. Ello ha sido posible gracias al Cabildo Insular de Tenerife y al Ministerio de Cultura que, a partir de los estragos ocasionados en el inmueble por "el Delta", destinó una parte del llamado 1% cultural para la consolidación y restauración del inmueble, con el compromiso por parte de las monjas de destinar algunas dependencias a Museo de Arte Sacro, todo lo cual se realizado con un magnífico resultado.

Aun queda mucho por hacer en otros inmuebles de la Iglesia, ¿cuáles son las demandas más urgentes para usted?

A parte de actuaciones en algunas iglesias y ermitas como Santa Catalina de Tacoronte, San Telmo y Virgen de Regla en Santa Cruz, o el Convento de Garachico y las dependencias anexas al Cristo de La Laguna, etc., queda mucho por hacer en la restauración del patrimonio inmueble: retablos, cuadros, esculturas, tejidos, orfebrería… y la siempre necesaria y constante actuación de lucha contra los xilófagos o insectos que atacan la madera.