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Asociamos cambio climático a las emisiones de gases de los combustibles fósiles. En contadas ocasiones relacionamos el clima con una manera de vivir la relación que tenemos con el territorio que pisamos, de cómo nos alimentamos, lugar de producción, época, proximidad o lejanía, entre alimentos y consumidores, tratamientos y costes energéticos de los mismos, paisaje y producción de alimentos, eso que ahora llaman kilómetro cero... alimentos, puestos de trabajo, medio ambiente, etc.

En Canarias hemos de asociar la alimentación con la agricultura y la ganadería, dada la precariedad del entorno, alejado de los lugares para abastecernos, pero también la relación que tienen los alimentos con las tierras labradas, con la optimización del medio, del riesgo de incendios, en el largo verano canario, tema importante en las cinco islas occidentales.

El barranco de la Chaurera como marco que hace lindero, quinientos años después. De tierras de la Mesa hasta El Rosario, tenemos un paisaje agrario menos deteriorado, ya que irrumpen con más fuerza dos cultivos que son referencia en las medianías de los secanos de Canarias... Los cultivos de papas y viña, al este de dicho barranco. Por otra parte, juega un papel importante la actividad ganadera en torno a La Laguna-Benijos, con importancia de cultivos relacionados con los mismos forrajes, maíz, cereal, pastos, aunque una parte importante del ganado estabulado. Hemos destacar en dicho paisaje los recursos humanos en la organización del paisaje de dicha comarca.

Agate, la cooperativa La Candelaria, Pedro Molina, la Asociación de bodegueros, denominación de origen, bodegas, los guachinches, la dignificación del vino y las papas del país, una cultura que ha revalorizado nuestros vinos, nuestros quesos, nuestra cocina, la vaca, basta, con identidad propia, el arrastre, la romería, las cabras como referencia con incorporación como elemento identificativo y productivo, caso de la cooperativa de Benijos con más de cien ganaderos.

Por ello campesinos, vacas, cabras, papas, vino, guachinches, romerías, arrastre, bodegas, concursos de vino, la enología y la mejora de nuestros vinos entran en una cultura básica, social y ambientalmente.

Un campo bien cuidado, valga como referencia La Victoria, modelo de paisaje cuidado en viñas, y La Laguna, municipio con la mayor cabaña ganadera de Canarias. Lamentamos los matorrales como elementos de propagación del fuego, que se extienden, sobre todo, al borde de los barrancos abandonados, barrancos de Tacoronte, El Rosario, Tigaiga, Barranco de Ruíz, etc.

Los cultivos de papa, maíz, legumbres, desde tierras de Mesa hasta Aguamansa, con pequeña zona entre La Vica, en la Matanza, y Las Rosas, en El Rosario, quedando una amplia comarca.

La comarca comprendida entre el barranco de la Chaurera y El Rosario significa más del 50% de los cultivos de papas de Tenerife y el 60 % de las viñas (Véase cuadro).

El cuidado de la viña, las papas y la reactivación de la ganadería, incluido el pastoreo en zonas forestales, cortafuegos, franjas de matorral en los bordes del monte y tierras marginales para la agricultura son medidas básicas para la seguridad de las zonas pobladas y evitar la expansión de los incendios, sobre todo en zonas pobladas al borde de los barrancos.

Tengamos como referencia que la Isla tiene algo más de 18.000 hectáreas cultivadas, superando a las tierras balutas en algo más de veinte mil hectáreas. En muchos casos están ocupada por el monte, y en otros por matorrales de zarzas, retamas, cañaveral, tabaibas, granadellos, hinojos, helechos... vegetación de gran peligro sobre todo en los últimos meses de verano.

El cambio cultural es una asignatura pendiente, la lucha contra el los incendios no es un problema, solo de la administración pública, al margen de los vecinos, los sueños que las máquinas y los bomberos apaguen el fuego y nos protegen a todos no se ajustan a la realidad, los incendios en California de los últimos años quemando zonas urbanas, cortando autopistas, en el país más rico del mundo, pone de manifiesto que la prevención es la única herramienta que conocemos, con o sin cambio climático. Las olas de calor, el viento y la vegetación seca son elementos de difícil control en cosa de horas. Está en nuestras manos la retirada de combustible que antes era pasto para el ganado. Los agricultores y ganaderos son bomberos de antes y ahora revaloricemos su trabajo, su servicio tanto en el plano ambiental como social.

Un plato de papas arrugadas y un vaso de vino del país, una vaca, una cabra, un agricultor, son parte del antes y el ahora, dignifiquemos su trabajo, su compromiso...

La degradación de la cultura rural nos empobrece social y ambientalmente. El cambio climático es parte de un módulo económico cultural hacia la naturaleza, degradando los conocimientos locales, buscando alternativas en el exterior, degradando lo local, lo nuestro. "Sembremos" agricultores y ganaderos con compromiso económico y social. Con los campesinos, el medio rural lo podemos gestionar con cultura de ayer, incorporando la tecnología como complemento a lo que hacen los campesinos, no sustituyendo al hombre del campo desde el despacho, muchas cosas del ayer son modernas hoy.